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Las ‘manías’ de algunos olímpicos ¿mejoran el rendimiento deportivo o son pseudoterapias?

09/08/2021
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Las ‘manías’ de algunos olímpicos ¿mejoran el rendimiento deportivo o son pseudoterapias?

09/08/2021

Sixto González Víllora, Universidad de Castilla-La Mancha y Alberto Nájera López, Universidad de Castilla-La Mancha

Todos tenemos alguna manía y los deportistas que han asistido a los Juegos Olímpicos en Tokio (Japón) no son diferentes. Pero no estamos hablando de comprobar que hemos cerrado la puerta de casa varias veces o salir al campo de juego con la pierna derecha, sino del uso de ciertas técnicas o pseudoterapias para supuestamente mejorar su rendimiento deportivo.

En la pasada prueba de 20 kilómetros marcha femenina disputada el 6 de agosto, pudimos observar cómo varias corredoras habían cubierto su ombligo con un parche. En la retransmisión de TVE, la exatleta María Vasco explicó el porqué en una clase de pseudoterapias sin base científica que espantaría al más pintado.

Indicó que el ombligo “es el primer centro de energía”, “es como el generador de la electricidad”, “es el lugar donde tiene origen la respiración”, “debajo pueden llevar una piedra de energía”, o que ella misma había competido con una piedra de energía de color rojo, promoviendo, de este modo, pseudoterapias como la cromoterapia. Y no es la primera vez que este tipo de comentarios a favor de pseudoterapias se cuelan en una retransmisión deportiva. Hace años, el exciclista Alberto Contador hizo un flaco favor a la fisioterapia.

Supuestamente, al taparse el ombligo con un parche o esparadrapo, las corredoras evitan perder energía, por lo que, ¿no podría ser una forma de dopaje? Lo que nos confirma la medicina es que el ombligo es la unión del feto con el cordón umbilical, conducto por el cual pasan los nutrientes de la madre al feto, pero una vez se corta al nacer, el ombligo pierde esta función.

Otros ejemplos de pseudoterapias en los JJOO

El uso de pseudoterapias que, en algunos casos, podrían ser consideradas un tipo de amuleto no es un hecho aislado. En los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro 2016 (Brasil), cuando Michael Phelps hizo su debut en la piscina olímpica, los espectadores notaron algo inusual en el nadador. Su espalda y hombros estaban cubiertos de moratones púrpuras perfectamente redondeados.

En vista de los buenos resultados que podría parecer que estaba dando aquella “técnica”, han sido más los deportistas que se han unido a esta moda, como por ejemplo el también estadounidense Alex Naddour, componente del equipo de gimnasia artística de Estados Unidos, también en Río de Janeiro.

Otros deportistas de diferentes países han probado con estas prácticas, como por ejemplo el nadador de Bielorrusia Pavel Sankovichya, que en su cuenta de Instagram escribió: “Ventosaterapia, una gran herramienta de recuperación”, acompañando dicha frase con una foto de sus muslos cubiertos de ventosas.

Esta terapia de ahuecamiento a partir de la aplicación de ventosas es una forma de la antigua medicina china con la que se pretendía tratar dolores, entre otros los atléticos, por tanto, se trata de una forma de medicina alternativa en la que se crea una succión local en la piel, pero sin base científica.

Así, los defensores de esta técnica afirman que el estiramiento o contracción de la piel producido por las ventosas aumenta el flujo sanguíneo, lo que puede poner en marcha o reiniciar una respuesta de curación embotada. Algo que es falso pues, hasta el momento, el masaje con ventosas no ha mostrado evidencias científicas que demuestren su eficacia.

De hecho, sí existen otros métodos de recuperación deportiva en las que se ha valorado la eficacia o ausencia de ella con el método científico, por ejemplo, la inmersión en agua fría y la terapia de agua de contraste para deportes de equipo, el masaje, la estimulación muscular eléctrica, o el uso del foam rolling para futbolistas profesionales.

Pero no son las únicas técnicas que podemos encontrar en el deporte. Técnicas pseudocientíficas como la quiropráctica o la osteopatía se cuelan en las salas de algunos fisioterapeutas, pero también la homeopatía, la acupuntura o las conocidas bandas de colores o kinesiotape hacen presencia en los vestuarios.

El cuento chino de las energías, los chacras y demás creencias sin sentido, son solo un ejemplo de cómo a veces se pierde el norte en el desarrollo del deporte al más alto nivel.

Manías o intento de ¿doparse?

En algunos de los casos anteriores el deportista consigue un gran éxito o varios éxitos deportivos continuados en el tiempo, lo que algunas personas, deportistas más jóvenes o aficionados, podrían interpretar como que estos deportistas, al llevar una piedra en el ombligo, que a su vez se tapa con una cinta adhesiva, tendrían un mejor rendimiento y ser el motivo de sus éxitos. Es decir, tratan de replicar técnicas pseudocientíficas que en nada afectarán a sus resultados deportivos, pero que sí podrían ser negativos para su salud.

Correlación no implica causalidad

Pues bien, una vez más, correlación no implica causalidad, es decir, que el hecho de que dos eventos se den de manera consecutiva no implica que uno sea causa del otro. Así, cuando llueve es más probable que truene, pero no es la lluvia la que causa los truenos. Lo mismo ocurre con la práctica de la ventosaterapia o las piedras de energía, pues son acciones que pueden estar próximas a un triunfo deportivo, pero que nada tienen que ver con la consecución de este éxito.

En estos casos estamos hablando de pseudociencias y de pseudodoping deportivo. Pero, debido a la fama de estos deportistas y a los grandes éxitos logrados por ellos en los Juegos Olímpicos, podrían animar a algunos incautos a repetir unas técnicas pseudocientíficas que no les van a llevar a conseguir ningún objetivo deportivo y sí, probablemente, proporcionarán pingües beneficios a quienes promueven o venden este tipo de falsos remedios.

Pseudoterapias peligrosas

Debemos estar alerta pues, lejos de ser técnicas o creencias inocuas que no tendrán más efecto que el placebo, en muchos casos estas pseudoterapias son peligrosas. En España, por ejemplo, hace varios años que los ministerios de Sanidad, Consumo y Bienestar Social y el de Ciencia, Innovación y Universidades lanzaron el plan #ConPrueba para proteger de forma integral a la ciudadanía de las pseudoterapias. Identificaron más de 130 técnicas de las que más de la mitad no han sido, ni siquiera, estudiadas de forma rigurosa y, por tanto, no existen evidencias científicas de sus posibles efectos.

En cambio, sí se ha demostrado que los efectos no siempre son los deseados, pues algunas técnicas interfieren con los tratamientos médicos, en algunos casos retrasan que el paciente acuda a un médico a tratar su dolencia perdiendo un tiempo que, en algunos casos puede ser vital o, incluso peor, lleva a rechazar o abandonar un tratamiento médico que podría salvarle la vida. Podemos pensar en cómo podrían afectar estas falsas técnicas o remedios en el rendimiento o la salud de un deportista.

No se debe dar cobertura a estas técnicas

Las frases de María Vasco no sólo no cuestionaban estas falsas creencias, sino que intentaban avalarlas, dando cierta publicidad a técnicas sin ninguna base científica en la televisión pública que debería velar por el rigor en sus contenidos. En la actualidad se habla del masaje de ventosas o de las piedras de energía, pero en el futuro podrían aparecer nuevas acciones o terapias pseudocientíficas basadas en falsos mitos deportivos poco o nada fiables.

Quizás sería positivo que, en las retransmisiones de los deportes, además de un comunicador/periodista deportivo y un exdeportista que pueda contar experiencias de su carrera deportiva y aportar conocimiento práctico, se sumase algún investigador o investigadora en rendimiento deportivo que pueda aportar argumentos sólidos avalados por las evidencias científicas.

Para refutar estas falsas creencias o mitos en el deporte tenemos a nuestro servicio las Ciencias del Deporte, que planifican, analizan las cargas de entrenamiento, evalúan la fatiga cognitiva y física (con instrumentos como GPS, pulsómetros, etc.), analizan la táctica de manera objetiva con la ayuda de nuevos programas informáticos, etc.

Cada vez son más los profesionales serios, tanto deportistas como sus preparadores, que rechazan este tipo de técnicas por ridículas, por no tener ninguna base científica o por ser meras supersticiones.

Es en la Ciencia (Fisiología, Biomecánica, Psicología, Medicina, Pedagogía y entrenamiento deportivo, etc.) en la que nos debemos basar si queremos conseguir mejoras deportivas en cualquier contexto de práctica, bien sea recreativo, educativo o saludable, o bien en el alto rendimiento deportivo, y no dejar que este tipo de prácticas o comentarios en los medios de comunicación nos hagan caer en esas pseudoterapias potencialmente peligrosas. Por tanto, aún nos queda mucho trabajo de concienciación por hacer.The Conversation

Sixto González Víllora, Profesor Titular de Universidad en Didáctica de la Educación Física y Deportes, Universidad de Castilla-La Mancha y Alberto Nájera López, Profesor Contratado Doctor de Radiología y Medicina Física, Universidad de Castilla-La Mancha

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

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