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Las olas de calor marinas amenazan la biodiversidad del Mediterráneo, por Alba de la Vara, en The Conversation

26/01/2020
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Las olas de calor marinas amenazan la biodiversidad del Mediterráneo, por Alba de la Vara, en The Conversation

26/01/2020

William Cabos Narvaez, Universidad de Alcalá y Alba de la Vara, Universidad de Castilla-La Mancha

Las olas de calor marinas se producen durante periodos prolongados de tiempo en los que la temperatura de la superficie del mar presenta valores anómalamente altos.

Estos eventos extremos pueden tener efectos devastadores para la vida marina, pueden ocurrir en cualquier parte del océano y en cualquier momento.

Una de las primeras olas de calor marinas documentadas a nivel mundial fue la que ocurrió en el mar Mediterráneo en el verano del año 2003. Durante este episodio, las temperaturas de la superficie del mar fueron entre 2 y 3℃ más altas de lo habitual durante aproximadamente un mes.

Un fenómeno cada vez más frecuente

Estudios recientes han mostrado que la frecuencia y duración de las olas de calor marinas ha aumentado de forma significativa en las últimas décadas en muchas regiones del océano global.

Estos cambios suponen un riesgo creciente para los ecosistemas marinos, que se ve agudizado por otros factores relacionados con las actividades humanas como la sobrepesca y la contaminación.

Dadas las potenciales pérdidas económicas y el impacto ecológico de estos eventos extremos, su caracterización en el clima futuro es vital. Esto es particularmente importante en el contexto actual de cambio climático.

El último informe del IPCC sobre océanos y criosfera dice que hay una alta probabilidad de que las olas de calor en el futuro sean más extremas. Estas serán más frecuentes, de mayor duración y tenderán a afectar a superficies más amplias.

En el informe también se afirma que serán más intensas. Es decir, durante estos eventos extremos se alcanzarán temperaturas máximas superiores a las actuales. Las altas temperaturas asociadas con las olas de calor pueden tener las siguientes consecuencias:

  • Tropicalización de las comunidades marinas.

  • Llegada de especies invasoras que desplacen la fauna local.

  • Aumento de la migración de especies.

  • Incremento de la mortalidad de organismos con movilidad nula o reducida. Este es el caso de bivalvos, algas, fanerógamas o corales, que además habitan en aguas poco profundas.

Todo lo anterior puede tener un impacto negativo en sectores como la acuicultura y la pesca, produciendo importantes pérdidas socioeconómicas.

Naturaleza de las olas de calor marinas

A escala local, las olas de calor marinas son inducidas por un calentamiento anómalo en la superficie oceánica. Este calentamiento puede ser causado por el aumento de la temperatura del aire o el debilitamiento de los vientos.

Este fenómeno también puede desarrollarse por cambios en la cubierta de nubes en la atmósfera o como resultado de variaciones en los movimientos horizontales o verticales de las masas de agua oceánicas en las zonas adyacentes.

Esos mecanismos locales están habitualmente ligados a variaciones climáticas de gran escala, tales como el fenómeno de El Niño y la oscilación del Atlántico Norte que modulan los mecanismos locales.

¿Cómo afectan al Mar Mediterráneo?

Durante las últimas décadas se han detectado olas de calor marinas severas en el Mediterráneo. Algunas de las más extremas tuvieron lugar en los veranos de 1999, 2003, 2006 y 2008.

Estos episodios afectaron a una gran cantidad de especies marinas. Causaron una alta mortalidad que, en algunos casos, llevó a extinciones locales. Además, provocaron el deterioro del hábitat para muchas especies y derivaron en cambios en la composición de las comunidades marinas debido a las altas temperaturas.

Una especie vulnerable al aumento de temperatura es la Posidonia oceanica, una planta marina endémica del Mediterráneo que forma praderas que desempeñan un importante papel para los ecosistemas marinos. Constituyen zonas de reproducción y cría para multitud de especies de interés comercial. Proporcionan alimento y protección a numerosos organismos y son sumideros de CO₂.

Las praderas son también relevantes para la dinámica del litoral. Su hoja, que es caduca, se acumula en las playas. Esto da estabilidad a la playa y frena su erosión en temporales.

Ejemplar de Serranus scriba en una pradera de posidonia. Javier Murcia, Author provided

Las características del mar Mediterráneo hacen que sea especialmente vulnerable al aumento de temperatura. En él, el calentamiento es superior al del océano global. Pero ¿cómo serán las olas de calor en el futuro en un mar tan particular?

Los modelos climáticos regionales acoplados –que tienen una resolución espacial mucho mas alta que los modelos globales– predicen que, en el escenario de cambio climático más pesimista, hacia el año 2100 habrá al menos una ola de calor marina de larga duración al año.

En dicho escenario, las olas de calor tendrán una duración hasta tres meses más larga que en la actualidad. Serán mucho más intensas, severas y se desarrollarán entre los meses de junio y octubre. En su pico, afectarán a toda la cuenca mediterránea.

Por el contrario, según el escenario más optimista (el más acorde con los objetivos del acuerdo de París), el incremento en intensidad y duración de las olas de calor será mucho menor. Pero, a cambio, serán más frecuentes.

En general, los cambios proyectados para las olas de calor marinas tendrán un claro impacto negativo en los ecosistemas acuáticos mediterráneos, ya de por sí vulnerables, las industrias relacionadas con ellos y, por lo tanto, en la sociedad.

En este contexto resulta fundamental cuantificar los impactos asociados a estos eventos, así como identificar aquellas regiones y ecosistemas más vulnerables a la evolución de las olas de calor marinas en el futuro. Esto requiere que se centren esfuerzos en la investigación de las olas de calor, los mecanismos que las causan y sus posibles consecuencias.The Conversation

William Cabos Narvaez, Profesor Titular de Universidad, Clima, Universidad de Alcalá y Alba de la Vara, Investigadora en Modelización para el Medio Ambiente y el Clima, Universidad de Castilla-La Mancha

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

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