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rancisco Javier Segovia Molina no es solo un recuerdo del ayer. Javier Segovia no es tampoco simple nostalgia. Javier Segovia, cantautor, es y está en la piel y en el corazón de Ciudad Real. Porque Javier Segovia representa el espíritu de una época y de una generación que nos trajo la libertad, mayor igualdad, el pluralismo, la reconciliación y la empatía social a nuestra tierra, La Mancha.
La muerte prematura de aquel joven cantante nacido en Ciudad Real en 1953, fallecido el 7 de febrero de 1977, convirtieron sus ganas, sus esperanzas, sus ilusiones y sus canciones en una leyenda eterna cuando apenas la luz empezaba a clarear después de un periodo muy largo de odios y dictadura.
Su música y sus letras fueron el albor de nuestro tiempo, una mirada diáfana sobre las brumas y la raíz de un árbol llamado convivencia, que hemos regado y mantenemos durante muchos años. Las canciones de Javier Segovia eran un sueño que él no pudo ver hecho realidad, pero nosotros sí. Cada vez que cantamos el himno de la Pandorga en verano, fiesta por excelencia de Ciudad Real, ese sueño renace. Por eso, todos somos Javier. Nosotros hemos contemplado en nuestras vidas lo que él se atrevió a soñar.
Javier Segovia, compositor, interpretó sus propios temas, siendo conocido como cantautor, y creó y lideró sucesivamente varios grupos juveniles que marcaron una época en Ciudad Real: Preludio, Aldonza, Pandorga, Puzzle y Mesnadas. La voz y las creaciones de Javier fueron cuerpo y alma de estas bandas juveniles entregadas a la poesía, la expresión, la denuncia, el cambio y el amor. En las manos de todos aquellos chicos y chicas se depositaba un futuro esperanzador que querían compartir como luz a raudales para iluminar una nueva etapa de vida y libertad.
En todos quedó impreso el carácter afable de Javier, su preocupación por los espacios rotos de la vida y su amor por la música y los demás.
Pero, con tan solo 23 años, cuando empezaba a organizar su vida con un trabajo estable en Alicante, una noche de lluvia, la muerte se cruzó en su camino en forma de golpe frontal contra un muro inexpugnable que le sorprendía en plena juventud.
Todos sus amigos murieron un poco con él. Así fue, hasta que decidieron transferir su trabajo y su producción musical a todos los que aman la música y la poesía. Y consiguieron que Javier Segovia viviera de nuevo, y convirtieron en deber la transferencia de su obra a las nuevas generaciones. Porque el árbol no puede hacer crecer sus ramas sin cuidar de sus raíces. Y así, amando más allá de la muerte, La Mancha pudo recuperar y expandir la figura legendaria de Javier, que hoy supone un impulso para los nuevos cantautores y para todos los que aprecian de verdad la cultura manchega.
Vicente Castellanos Gómez